martes, 11 de diciembre de 2012

Sigo con mi diario de lecturas

El libro de los amores ridículos, de Milan Kundera, dormía en una estantería de mi casa desde hacía más de diez años (y es que los libros, cuando no se abren para leerlos, duermen, quizás también sueñen). El pobre ya empezaba a tener las páginas amarillentas y me pedía "por favor, léeme ya, voy a volverme amarillo del todo y mis hojas se caerán como un árbol en otoño, y desapareceré". Así que lo cogí, lo abrí, lo leí. Es un conjunto de relatos llenos de humor, amor y mucha ironía. Y todos giran alrededor de una clásica cuestión filosófica: el ser y el parecer. Los personajes perciben lo que las cosas parecen y no lo que son; o bien estas ofrecen una apariencia que no se corresponde con lo que "es". Lo que conduce a pensar que el ser y el parecer son las caras de la misma moneda, por lo que ¿qué más da lo que las cosas sean si solo podemos ver lo que parecen? ¿Y qué parecen? A cada uno según su interpretación. El mundo de Kundera es en este sentido inestable pero tremendamente rico. Y divertido.
El último de los relatos es genial en este sentido. Un chico quiere ligarse (y acostarse con) una chica muy religiosa (en la antigua Checoslovaquia comunista, donde parece que la religiosidad se permitía de algún modo) que se niega a mantener relaciones sexuales. Empieza a ir a misa para agradarla. La conserje del colegio donde trabaja lo descubre y la directora (que lo desea en secreto) convoca una reunión de urgencia para reconducirle. Él no es creyente, pero de repente se ve interpretando un papel que lleva hasta sus últimas consecuencias: seduce a la directora comunista obligándole a rezar el padrenuestro y consigue acostarse con su novia al ver esta que es capaz de defender a Dios a toda costa. Pero claro: cuando la chica por fin se rinde él la desprecia, mostrándole que ha sido infiel a su propio Dios. Si puede llegar a traicionar a su dios, ¿cómo confiar en su fe? La vuelta de tuerca es tremendamente original.

Algunas frases me llamaron la atención:

"Cada vez que pienso enlas viejas culturas de la Antigüedad, siento nostalgia. Quizá se trate, entre otras cosas, de una nostálgia envidia por la desmayada y dulce lentitud de la historia de entonces: la época de la antigua cultura egipcia duró varios miles de años; la época de la antigüedad griega, casi un milenio. En este sentido,  la vida individual de los seres humanos imita la historia de lso seres humanos; al comienzo está sumergida en una inmóvil lentitud y luego, poco a poco, se va acelerando cada vez más."

"Si las personas sólo fueran responsables de lo que hacen conscientemente, los idiotas estaríand e antemano libres de cualquier culpa. Lo que pasa... es que las personas tienen la obligación de saber. Las personas son responsables de su ignorancia. La ignorancia es culpable. Y por eso no hay nada que le libre a usted de sus culpas..."

"... el valor de una persona reside en aquello que va más allá de ella, en lo que está fuera de ella, en lo que hay de ella en los demás y para los demás."

"Pero así es como suele suceder en la vida: el hombre cree que desempeña su papel en determinada obra y no sabe que mientras tanto han cambiado el decorado en el escenario sin que lo note y sin darse cuenta se encuentra en medio de una representación completamente distinta."

"¡Ay, señoras y señores, triste vive el hombre cuando no puede tomar en serio a nada y a nadie!

Y por eso Eduard anhelaba a Dios, porque sólo Dios está exento de la dispersante obligación de aparecer y puede simplemente ser; porque únicamente él representa (él solo, único e inexistente) la contrapartida esencia de este inesencial (pero por ello tanto más existente) mundo."

No hay comentarios: